Auto retrato con Arracada
Oleo/papel ilustración
47 x 37 cm. 1979

EL MAESTRO CASCO
del Homo-tepitecus al Ñero en la pintura

A todo lo largo de su historia, Tepito no ha sido un barrio modelo, pero, sí es un barrio ejemplar, capaz de generar: mitos, afamados artesanos, deportistas, comerciantes y uno que otro artista. Nacido en el obstinado barrio de Tepito, en cuya tragedia social imperan las reglas no escritas, pero que se cumplen al pie de la letra, el Maestro Casco aprendió con la Musa callejera todo eso de los pesares, complicidades, lealtades, chupes, amores y desamores, y todo aquello que profana la honra e ingenuidades chilangas.

Acostumbrado a traer siempre en chinga a su Ángel de la Guarda, el Maestro Casco se fogueó en el oficio de saber ver y pintar los detalles de cada espacio barrial, plasmando en lienzos los rasgos finos y gruesos de sus múltiples dimensiones existenciales y variadas texturas temporales. En ésta corporación barrial, donde los tepiteños son los señores de su entorno habitacional y comercial, el cual gobiernan pie a tierra, mostrando todo lo que saben hacer y mercando “los fusiles” de todo lo que saben copiar magistralmente.

La densificación del espacio barrial, que pone a prueba la Ley de la materia, le hizo aprender todas las facetas y técnicas del lenguaje plástico, conformando su propio arsenal conceptual y metodológico, con el cual se hizo precursor del grupo Tepito-Arte Acá. Y si a Giotto, se le olvidó plasmar los vicios de Padua, el Casco pinta el rostro preciso y los espacios vitales de este barrio popular inmerso en la tragedia urbana del Centro Histórico.

Si los añosos zaguanes son las puertas de entrada a otros mundos, las ventanas son el mirador a otra realidad invisible para profanos. Por lo cual permanecen inalterables los vestigios de la existencia de las vecindades convertidas en la columna vertebral del barrio. Y así como la visión ensordecida, de los camaleónicos tepiteños, manosea con la mirada a todos los visitantes. Éstos, por estar con el ojo alerta (por aquello del prejuicio introyectado hacia el barrio) sólo perciben el primer plano de todo lo que ven, perdiéndose lo mejor del enigmático trasmundo tepiteño

El Casco se la juega en esto de visitar los sótanos de Tepito, convertidos en un Infierno sin llamas. Recorrer todas sus calles convertidas en el Purgatorio donde todo se paga a sus demonios. Y desde que aprendió a volar papalotes, y a mamarle la miel a las estrellas, no deja de subirse a las azoteas más cercanas del Cielo

Justamente hoy que privilegian la memoria virtual, hermanada del olvido de lo que somos. Las pinturas del Maestro Casco son una indudable expresión de arte aurático, donde lo que predomina es el valor de la experiencia barrial como testigo y documento vivo.

Lo más notable en las pinturas del Maestro Casco, es que contienen “aura”, porque son capaces de hacer levantar la vista y devolverle la mirada a quien las mira.


Alfonso Hernández H.
Cronista del Barrio de Tepito