Tianguis en Av. del Trabajo
 Fototeca (c) CETEPIS
 1983

 

 

 

 

 

Tianguis en Obreros
Fototeca (c) CETEPIS
1983

 

 

 

 

 

 

 

 


"En Tepito todo se vende
menos la dignidad"

Fototeca (c) CETEPIS
1983.




















 
Día de venta en Tepito.
Fototeca (c) CETEPIS 
2003.

 

... Y después de la fayuca ¿qué?.

Por Víctor Hugo Rocha O.
Historiador.

En México, escuchar la palabra fayuca nos remite a Tepito y viceversa. Y aunque, la comercialización de esta mercancía representó un parte aguas en la economía tepiteña no siempre significó (y dudo mucho que lo represente en un futuro) un motor generador de subsistencia entre las familias del barrio de Tepito, puesto que desde hace mucho tiempo, los tepiteños están en la lucha constante por sobrevivir autómatamente.

La historia del comercio en Tepito es casi tan antigua como el barrio mismo. Si bien, los orígenes del barrio nos remontan a 1350, su cercanía con el mercado de Tlatelolco permitió a sus habitantes conocer las virtudes económicas de la práctica del Tianquiztli. Actividad comercial que estaba tan arraigada en el pueblo mexica que ni los conquistadores pudieron erradicarla.

Al desaparecer el tianguis de Tlatelolco, el mercado que abastecía al grueso de los habitantes de la ciudad y sus alrededores fue el mercado de El Volador, ubicado a un costado del Palacio Nacional y que funcionó por casi trescientos años. Con el tiempo, éste resultó insuficiente para el abastecimiento de la ciudad y su deterioro permitió que en sus alrededores se instalara El Baratillo, es decir, era un mercado en el que se vendían cosas usadas o robadas.

Durante el porfiriato, la Ciudad de México tuvo importantes mejoras en su arquitectura. Grandes edificios con influencia europea fueron conformando “la ciudad de los palacios”, por lo que un mercado en el cual se vendieran cosas usadas no era propio para el centro de la ciudad. Así que en 1901 Miguel Ángel de Quevedo, director de obras públicas, resuelve trasladar todos los baratillos de la ciudad a la plazuela de San Francisco Tepito que ya contaba con un pequeño tianguis alrededor de la parroquia.

Desde entonces, resurgió la historia de lo que se conoce hoy como el tianguis del barrio de Tepito, iniciando con la comercialización de ropa y aparatos eléctricos usados y reciclados, convirtiéndose así, en un amortiguador económico para los pobres de la ciudad.

La bujía económica de Tepito de la primera década del siglo XX, aparte del tianguis fue la gran cantidad de oficios que aquí se encontraban; zapateros, relojeros, talabarteros por mencionar algunos, fueron llegando al barrio tras el conflicto de los cristeros, se alojaban en Tepis por el bajo costo de la renta de un cuarto de vecindad. Debo decir que, aparte de tener su vivienda acoplaban el taller en donde se involucraba toda la familia, laborando en los patios y en las calles.

La llegada de la fayuca en la década de los 70, provocada por la política de proteccionismo económico aplicada en México, que impedía la entrada legal de mercancía del extranjero al país, hecho generó gran riqueza a los comerciantes, que iniciaron el contrabando de manera “hormiga” trayendo, ropa y juguetes para la temporada navideña, y después traían trailers repletos de mercancía, sobornando a las autoridades encargadas de impedirlo.

Todo esto no fue tan fácil, los operativos para detectar la fayuca en Tepito cada vez eran más rígidos, por lo que los tepiteños fueron perfeccionando sus técnicas para introducir la mercancía y después venderla. Una de las formas más conocidas fue a través de los carros de basura, estos eran rentados por los comerciantes para trasladar su mercancía y poderla distribuir al interior y al exterior del barrio.

La lucha constante de la chuleta, el camarón y el chivo en el barrio orilló a muchas familias a dejar los talleres de oficios y dedicarse a la fayuca en cualquiera de sus modalidades: los más chavos podía trabajar de diableros, dejando atrás el conocimiento adquirido del oficio por generaciones. Además los talleres tuvieron que ser desplazados a las orillas del barrio para que las vecindades fueran ocupadas como bodegas de mercancía.

Fueron pocos los artesanos que preservaron un oficio sin involucrarse en la venta de fayuca, y su actividad se vio colapsada luego del sismo de 1985, ya que la reconstrucción modeló otro tipo de vivienda y patio, donde no pudo instalarse ningún taller. Esto a su vez produjo que se incrementara el número de vendedores en el tianguis como la principal bujía económica para su sobrevivencia urbana.

Las leyes del mercado dictan que al saturarse un producto, su margen de ganancia es menor debido a la competencia. Esta ley no fue suprimida en el barrio. Por lo que al saturarse el mercado de la fayuca, bajaron sus ganancias. Pero la estocada final a la fayuca se la dio el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, mejor conocido como TLC, iniciado en 1994, en esta fecha los aranceles impuestos a la mercancía extranjera fueron derribados, por lo que las tiendas de autoservicio podían vender cualquier aparato electrónico al mismo precio que en cualquier tianguis con la ventaja de ofrecer productos garantizados.

La fama buena o mala del barrio, ha provocado que Tepito sea un mercado cautivo, es decir, la novedad que se venda en Tepis después se encontrará en otra parte de la ciudad. Esto lo saben los chinos y lo saben los piratas. Por lo que la instalación de las grandes bodegas de mercancía traída de oriente y los laboratorios de discos y películas piratas representan hoy en día el modus vivendi no sólo del tepiteño, sino de los chilangos creativos, que al no encontrar un empleo, deciden emprender un negocio propio. Generalmente los estudiosos los encasillan en comercio informal, sin saber que representan el 12.7% del PIB nacional.

Tras esta rápida historia del comercio en Tepis Company, se puede inferir que actualmente, el tianguis de Tepito no es el único beneficiado de su venta. Con la apertura comercial, el tianguis es considerado como un eslabón de una larga cadena de distribución de mercancía por todo el mundo, en donde la copia y el original disputan una lucha legal, mientras las calles poco a poco se saturan de chatarra industrial del mundo global capaz de destruir cualquier industria nacional y emplear al grueso de la población ahorcada por una política económica que nos los incluye o que ni los empleos ocupa.

En México, se han gastado mucha saliva por parte de todos los actores que en una u otra forma se benefician del comercio informal (comerciantes, dirigentes, distribuidores y autoridades), para justificar quién tiene la culpa de que hoy sea incontrolable. Por lo que es necesario reflexionar: ¿realmente les preocupa que día con día decenas de personas se incluyan a las filas del comercio informal?, ¿Será el ambulantaje similar al narcotráfico, un negocio que deja más ganancias estando al margen la ley? Lo que si queda claro es que el comercio informal resulta socialmente necesario para la maduración de la economía.

El Baratillo.
Autor: Mtro. Alberto Beltrán.
1950.