

¡Al abordaje! Esos mis piratas con pata de palo y cara de malo
Por: Alfonso Hernández Hdez.
Cronista y Hojalatero Social
Ahora que la economía informal se estructuró como la única fábrica social que combate a la poderosa industria del crimen, la economía de la vigilancia quiere perseguir al ambulantaje, porque algunos de sus oferentes venden artículos tipificados como piratas, clones, o copias similares a las procedentes de ¿Originia?. Y mientras que el TLC propicia que nuestro país se inunde de chinaderas que dan empleo en otras latitudes. Acá, las fábricas ya no existen, porque ahora el trabajo está en muchas calles y esquinas de la ciudad.
Y si lo que los legisladores, con el pretexto de combatir la piratería, quieren que ya no haya comercio informal; en lugar de emitir leyes y disposiciones pendejas, debieran de preservar el mercado interno para generar empleos; y no entretenerse pateando el hormiguero, como provocación para que en lugar de la chamba y el autoempleo callejero, los desempleados tengan pura pistola. Que la economía de la vigilancia se gaste su presupuesto en más personal con tecnología y vehículos. Que todo lo decomisado sea repartido cómo botín de guerra. Y que el combate a la piratería solape la corrupción creciente en las aduanas rebasadas por la economía de mercado y el tianguis global sin fronteras.
En esto de la copiadera, los legisladores y el gobierno son mano, haciendo lo mismo (pero más barato) que en otros países: desequilibrar el mercado interno, favorecer las importaciones, reparto político de protectorados, aumento de corruptelas con entres y cuotas. Como si el país fuera de ellos y de la geopolítica que detenta su partidocracia en el poder. La piratería, en todas sus expresiones, es fomentada por el gran capital que patrocina la sociedad del espectáculo, para que funcione como amortiguador social de quienes irán dejando de ser pueblo para convertirse en público consumidor de sus productos.
La primera etapa de los aguerridos piratas, con pata de malo y cara de malo, fue con el audio popular y el video casero, luego vino la pornografía, y ahora las imágenes enfermizas, para una sociedad vulnerable, a la que quieren enviciar con escenas que hacen apología de la violencia. Porque si antes la calle era considerada la “escuela de la vida” ahora es ¡la escuela más hija de la chingada!. Y si el gobierno y los legisladores supieran aprovechar la creatividad y laboriosidad de la gente que se la rifa para llevar el pan a su casa ¡seríamos una potencia!. Pero, para los desempleados, el único trabajo disponible está tipificado como ilegal, ¡pues entonces de qué se trata!
Aunque es una obligación constitucional procurar el abasto popular, todo el discurso oficial se centra en combatir el comercio callejero, sin hacer mención de la crisis de los mercados públicos, ni del auge de las tiendas departamentales y cadenas transnacionales. Calentar el ambiente social y tipificar el autoempleo y la pobreza como delitos, pareciera ser una estrategia electoral para hacer surgir una nueva generación de redentores en vísperas de los festejos patrios, soslayando que nuestra matria hace mucho que dejó de existir.
Tratando de hacer una justa repartición de la riqueza nacional, el Constituyente de 1917, sólo pudo plasmar que a los mexicanos-pueblo les quedara: la agricultura en tierras de temporal, las artesanías locales, y el pequeño comercio. Lo demás fue previsto para los grupos de poder. Pues desde entonces, la única actividad ocupacional que hay para sobrevivir es la informalidad, que se ha convertido en un amortiguador social, y en otra forma de ciudadanía, por ser la que resguarda la soberanía económica y comercial de los mexicanos sin trabajo formal.
La Impiratería, o sea, el imperio de la piratería, es otra estrategia más de la economía de la vigilancia, para controlar todos los nichos de mercado y dizque combatir la competencia que le están haciendo los Robin Hood que utilizan esta actividad como lavadero de dinero. Jugadota en la que la partidocracia electoral quiere tantear cual de los dos bandos oferta patrocinar la polaca de sus candidatos para el 2012.
El pirata seduce, porque desafía al gobierno, al que terminan subsidiando. Los garrotes de los piratas simbolizan la falocracia de los chingones y cabronsotes enculados con la chingada. Mientras tanto, ya no necesitamos más rollos de los caudillos de la Revolución y de la dizque Independencia de México. Lo que queremos son empleos donde se pueda trabajar para comprar y tragar bocadillos, porque ya ni para las tortas y los tacos alcanza.
