Tepito ¡cuna y semillero de campeones!


Por: Alfonso Hernández, cronista y hojalatero social

 

En 1919, el H. Ayuntamiento Constitucional, autorizó que la Junta de Salud y Embellecimiento de la 1ª. Demarcación, construyera una pista de patinaje, un frontón, y una biblioteca , para el fomento deportivo y cultural del vecindario en la colonia de La Bolsa y el barrio de Tepito.

La biblioteca “Jesús Urueta” se ubicó en un salón de la vecindad conocida como “La Casa Blanca”. La pista de patinaje estuvo en la acera oriente de Avenida del Trabajo, con una fuente de sodas y nevería al centro. Y el muro del frontón de “Las Águilas”, fue ubicado enseguida, justo donde funciona hasta hoy; a un lado de la estatua de Don José María Morelos, quien le dio su nombre a esta colonia que no quieren que sea barrio.

El Gimnasio Gloria, ubicado en Ferrocarril de Cintura, estaba reservado no solamente para quienes podía pagar sus servicios, sino para los que se aventuraban a cruzar el Infierno de las calles y el Purgatorio de las pulquerías sin sentirse atrapados por ellas.

El ambiente de esa época lo plasmó Mariano Azuela (1873-1952) en su novela La Malhora, publicada en 1920, por quien fue médico de enfermedades venéreas en uno de los consultorios de la Beneficencia Pública, de Rivero y Tenochtitlan.

Un párroco de San Francisco de Asís, ideó que en la fiesta patronal de cada 4 de octubre, la bravura de la barriada se demostrara boxeando en un ring colocado frente el atrio. Donde con la bendición del cura comenzaban las competencias para encontrar al campeón de la festividad, que culminaba con un bailongo en el a cual mas hacía gala de sus pasitos chéveres seguidos por su pareja.

Era un honor ser el campeón de las competencias de box y ser el bailarín más aplaudido por la concurrencia. Lo cual motivó tener que ejercitarse durante el resto del año, jugando en el frontón, entrenando en el gimnasio, y asistiendo a muchos bailes de vecindad. Para luego saber apostar en las peleas de la Arena Coliseo o rifársela con los pachuchos y tarzanes de los salones de baile. Pues cuando el Salón México tuvo una pista de baile para cada clase social, los tepiteños se la rifaban en la de cebo, manteca, y mantequilla.

En el frontón comenzaron a destacar verdaderos atletas en eso de lanzar tiros mortales, lo cual se reflejaba en el punch que tenían al contestar la bola de buche o la dura, exclusiva de los machines; lo cual fue forjando a los primeros boxeadores  de Tepito. En ese entonces, en el Gimnasio Gloria ya entrenaba el afamado “Chango” Casanova. Y luego Luis Villanueva Páramo, mejor conocido como “Kid Azteca”.

En los colegios de Avenida del Trabajo, el chavo Eladio Segura, hijo de un asaltante de la zona, tenía asolados a los alumnos; pero más a Enrique Bolaños, delgaducho y pálido, con nariz larga y afilada. Hasta que un día Enrique supo el secreto de Eladio, quien dos o tres veces por semana aprendía a boxear en el Gimnasio Gloria.

El entrenador José Cortés se percató que Enrique Bolaños tenía una zurda noqueadora, por lo que en 1940, cuando apenas tenía 16 años, inició su carrera profesional. Después emigró a California, donde pronto se convirtió en el ídolo de la raza. Habría sido campeón mundial de los pesos ligero, de no haberse topado con Ike Williams, quien era conocido como el asesino de los rings. En 1947, a pesar de la cátedra boxística de Enrique Bolaños, perdió por decisión a favor de Williams.

En 1952, Raúl “Ratón” Macías fue seleccionado para representar a México en los Juegos Olímpicos, de donde regresó triunfante para convertirse en uno de los máximos ídolos del pugilismo profesional en México, pues llegó a ser campeón mundial de peso gallo. El Ratón Macías, hizo escuela en lo referente a la disciplina boxística, exigir medicina deportiva y que se pagara lo justo a los boxeadores. Y hasta consiguió que donde estuvo la pista de patinaje, se edificara el Deportivo “Ramón López Velarde”, que luego fue demolido por las obras del Eje Vial 1 Oriente. Lo cual se recuerda diciendo: Aquí estuvo el parque deportivo de El Ratón.

Otro de los grandes ídolos de Tepito, lo fue José “Huitlacoche” Medel, quien en 1952 comenzó a entrenar en el Gimnasio Gloria. Luego participó en torneos de los Guantes de Oro, y en 1955 debutó profesionalmente en la arena Coliseo.Medel se coronó Campeón Nacional Gallo derrotando a José “Toluco” López, en una pelea inolvidable, cuyo triunfo no le perdonó la afición. Estuvo en el trono 7 años y perdió el título frente a Chucho Castillo.

Octavio “Famoso” Gómez se coronó campeón del barrio en una fiesta patronal de San Pancho, y de allí saltó a los Juegos Panamericanos en Brasil. Profesionalmente contendió con los mejores pesos mosca nacionales. Luego de 18 triunfos consecutivos perdió lo invicto frente al “Alacrán” Torres, para luego incursionar en la categoría de pesos pluma.

Cuando se saturó el gimnasio “Gloria” y el frontón “Las Águilas” estaba lleno, la chaviza su iba a jugar futbol al parque “Calles”, donde Gerardo “El Pinocho” Gutiérrez comenzó a entrenar equipos. Y luego de que en 1957 inauguraron los mercados 14, 23, 36 y 60, y fueron quitados los puestos de madera que estaban en la plazuela de Tepito, “El Pinocho” y “El Manolete” Hernández, apoyados por el Club Veteranos de la Amistad, propusieron utilizar el solar como campo de futbol y edificar un gimnasio.

Eran tal la afición en torno a los equipos San Francisco y Casa Blanca, que se formaron mas equipos por categorías: infantil, juvenil, femenil, y veteranos. Además de las ”Gardenias de Tepito” y las “Amazonas de la Lagunilla”. Hasta que el 27 de marzo de 1968 se inauguró el Centro Social y Deportivo “Fray Bartolomé de las Casas” con un gimnasio modesto y una cancha a la que se le conoce como “Maracaná” de tanta afición futbolera que concurría, sobre todo en los torneos de la fiesta patronal y en cada aniversario de los mercados.

Ya con un gimnasio en el mero corazón del barrio de Tepito, “El Pinocho”, Don Vera, y Villagrán se convirtieron en los tres entrenadores de la nueva camada de boxeadores, asistidos por el “Ratón” Macías, José Medel, el “Famoso” Gómez, y Rodolfo Martínez.

Por mucho tiempo, el boxeo era el modelo de ascenso social y económico individualizado, el cual fue abatido por la fayuca, convertida en el nuevo modelo de ascenso masivo, que volcó el comercio otra vez a las calles, con un tianguis cuyo nicho comercial comenzó a competir con las tiendas del centro de la ciudad. Este auge comercial redujo el número de jóvenes dedicados al boxeo, no así en el frontón ni en el futbol.

José “El Copetón” Jiménez pasó de las peleas callejeras al gimnasio “Gloria” de donde salió para debutar profesionalmente sin haber tenido una sola pelea de preparación, llegando a ser campeón nacional pluma. Clemente Muciño era tan buen futbolista que lo apodaron “Didí”, que era un jugador brasileño. Fue campeón de los guantes de oro en 1965 y ganó 7 trofeos como amateur. Su mejor combate lo hizo contra David Sotelo.

Lorenzo Gutiérrez destacó en peso mosca. Lo apodaron el “Halimí” porque su estilo recordaba al del vencedor del “Ratón” Macías. Halimí Gutiérrez se mantuvo invicto en 1969-70 con 20 triunfos y un empate. Pero, le dio mucho gusto al gusto, subió de peso y perdió facultades, por lo cual ya no pudo competir por el campeonato mundial.

Rodolfo Martínez siempre fue muy disciplinado, y de tarde en tarde iba al “Gloria” donde aprendió a boxear siguiendo el ejemplo de su ídolo José Medel. Ganó 25 combates y perdió 2. como profesional se mantuvo invicto durante 29 peleas. Boxeaba bien, pegaba duro, y se le reconoce como boxeador ejemplar.

Tarcisio Gómez es hermano del “Famoso” Gómez, quien le enseño a boxear profesionalmente, por lo cual se le conoce cómo “El Famosito”. Enrique “El Trapitos” García, peleó contra Octavio Gómez y llegó a ser campeón nacional pluma. José “El Plátano” Salas también salió del “Gloria”. Su mayor victoria fue contra el venezolano y peso pluma mundial Leonel Hernández.

Tomás Frías fue en 1969 el novato del año. En 1972 había ganado 9 combates por nocaut, 10 por decisión, empató 4 veces y perdió siete. En el torneo de guantes de oro 1972, dos tepiteños resultaron campeones: José Flores en peso gallo. Y Juan Cruz en peso welter. Y así continúa funcionando Tepito ¡cuna y semillero de campeones!

Desde 1997 hubo otro declive boxístico, pues el deporte y la cultura quedaron en la sepultura, ya que las autoridades no quieren que Tepito figure ni vuelva a ser semillero de campeones. Pretendiendo que con ello, que el barrio se convierta en un santuario de impunidad de la delincuencia apadrinada y renteada por la corrupción policiaca.

Para los tepiteños de antes, jugar en las calles y hacer deporte en los gimnasios significó aprender las reglas básicas de la convivencia sana y la competencia justa, donde en lo individual o en equipo prevalece el respeto al contrario y la superación personal. Hoy, ya no es así, pues el sistema ha fomentado nuevos “ídolos” del barrio, que son de plastilina, que andan en motos de alto pedorraje, y que tienen padres alcahuetes pues no les preocupa que sus hijos se hundan en la calabaza o se conviertan en carne de presidio.

Si un gimnasio modesto y un barrio con tanta casta han forjado tantos baluartes y glorias deportivas, qué tiene que pasar para que el vecindario de Tepito reciba apoyo y fomento deportivo. Y aunque el gobierno usa el Ángel de la Independencia como emblema de la ciudad, el barrio bravo de Tepito seguirá siendo el símbolo de la raza que se la rifa, pues cada vez que le avientan un recto, lo cabecea bien y bonito.