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Por: Alfonso Hernàndez H.
Al paso del tiempo, ya son muchas las interpretaciones en torno al significado
de la palabra Tepito, con diferentes versiones de su origen como barrio bravo.
Es por ello que repasando la historia y recopilando las crónicas, les
compartimos nuestros hallazgos.
El concepto de barrio ha tenido diversas acepciones; ya que
en la época prehispánica significaba, entre otros aspectos,
la división administrativa de las tierras de una comunidad, ejemplo
de ello fue la gran ciudad de Tenochtitlan conformada por cuatro grandes barrios
o calpullis: Atzacualco, Zoquiapan, Moyotla y Cuecopan.
Hoy en día, un barrio es aquel territorio donde una comunidad urbana preserva tradiciones y costumbres, estableciendo nexos más profundos e importantes que van más allá de la simple relación vecinal, de la actividad artesanal o de la posición económica de sus habitantes. Por lo cual, un auténtico barrio se cataloga por la escala urbana que lo identifica por su arraigo, su identidad y cultura.
Es por ello que un barrio como Tepito es más que la manifestación de un sistema sociocultural con sus propias formas de trabajo y vida, pretendidamente acotadas con una simple delimitación política administrativa.
El alto nivel e intensidad de las interacciones humanas que se han dado en todas las etapas históricas de Tepito, lo reafirman como el barrio bravo por excelencia, no solo de nuestra ciudad capital sino del país entero. Y si para muchos, Tepito no es un barrio modelo, sí ha sido un barrio ejemplar por la fuerza, bravura y resistencia con la que ha defendido la raigambre de su solar nativo y la esencia de su pedazo de cielo.
Pocos barrios acumulan la experiencia de sobrevivencia urbana que tiene Tepito, que en la historia de la ciudad lo ha sido todo: modesto barrio Indígena, miserable enclave Colonial, arrabal de la Ciudad de los Palacios, abrevadero cultural de los chilangos, ropero de los pobres, tianguis y tendajón de sobrinas, lunar y lupanar metropolitano, semillero de campeones, atracadero urbano, refaccionaria automotriz de gabachas y europeas usadas, tendedero existencial de propios y extraños, y reciclador de consciencias e inconsciencias.
Por todo esto, los tepiteños comprendemos la pobreza, no nos avergonzamos de ella, ni nos hemos abandonado a ella. Pues hemos aprendido a darle una nueva forma a cuanta chatarra industrial y tecnológica cae en nuestras manos. Mucho más allá de sus límites geográficos, los tepiteños ya aprendimos a construir el adentro y el afuera de Tepito. Y quizás por ello no cabemos en el alfabeto ni en los textos académicos. Ya que sabemos usar las letras y hasta podemos disimularnos en ellas cuando lo exige algún burócrata o político. Los tepiteños, nos distinguimos por nuestra propia forma de hablar y por el lenguaje con el que nos expresamos para reconocernos entre nosotros, pero, sin dejarnos seducir por los intríngulis de la fayuca cultural que consume la clase media y la alta.
El acontecer y el protagonismo que atesora este solar nativo,
ha contribuido a dignificar o a ensombrecer las tres palabras con las que
en cada etapa de la ciudad, siempre ha pasado lista con su mismo nombre y
apellidos: Tepito Barrio Bravo ¡PRESENTE!

I.- Buscando los significados de la palabra Tepito, don Cecilio A. Robelo, autor del Diccionario de Aztequismos, refiere que “se deriva del vocablo teocali-tepiton: pequeño templo o montículo de piedras ubicado en la actual Plaza de fray Bartolomé de las Casas y que los indígenas llamaban Teocultepiton, nombre que los españoles terminaron por deformar diciéndole, simplemente, Tepito”
II.- El erudito investigador Gutierre Tibòn en su libro El ombligo como centro erótico, narra su sorpresa al haber encontrado el nombre del barrio mexicano de Tepito en la chilena isla de Pascua, donde “Te Pito significa el ombligo, esa cicatriz del nacimiento que marca el centro del cuerpo”.
III.- Por su parte, fray Alonso de Molina en su Vocabulario
de la lengua castellana mexicana, afirma que “Tepito significa pequeño
o poca cosa, y que proviene de tepiyotl, pequeñez; o tepitoyotl, cosa
pequeña; refiriendo que era un barrio menor perteneciente a un barrio
mayor”.
V.- La Fundación Cultural Banamex –FCB- tiene una pintura de gran formato, cuya ficha técnica refiere: Autor Anónimo, Época: Siglo XVII. Pero, lo más notable de este lienzo es que detalla una ermita que en su muro principal dice Tepito.
Arriba de la ermita se detalla el caudal y dos puentes del Canal del Norte y otro que baja siguiendo el contorno de la actual Avenida del Trabajo, también hay siete indígenas vestidos de manta y dos soldados con uniforme azul, polainas, sombrero de tres picos y su arcabuz. Para quien no ha visitado el museo de la FCB o no tiene el catálogo de la misma, puede visitar la oficina del Centro de Estudios Tepiteños, en Granaditas 56, donde exhiben un facsìmil de la pintura original.
VI.- Tepito, originalmente se llamó Mecamalinco o barrio de los mecapaleros, del tianquiztli de Tlatelolco. Y en 1521, luego del prendimiento de Cuauhtemoctzin, se le sobrepuso en nombre de Tequipeuhcan.
Siendo un modesto barrio menor perteneciente a Tlatelolco, se hizo célebre durante el Sitio de Tenochtitlan, ya que Cuauhtemoctzin aquí se atrincheró durante los 93 días que resistió el embate español. Desde entonces, a este lugar se la llamó Tequipeuhcan, cuya palabra compuesta se interpreta como Lugar donde comenzó el tequio obligado.
La parroquia de La Inmaculada Concepción Tequipeuhcan, está ubicada en el cruce de la Calle de Tenochtitlan y la Calle de la Constancia “de los hechos ocurridos durante la heroica defensa de Tenochtitlan” (como inicialmente era nombrada); y en su atrio existe una placa que dice: TEQUIPEUHCAN lugar donde comenzó la esclavitud. Aquí fue hecho prisionero el Emperador Cuauhtemoctzin la tarde del 13 de agosto de 1521.
Todo esto consta en el Lienzo de Tlaxcala, donde los tlacuilos detallaron la fuerza, bravura y resistencia que pervive en este barrio donde justamente Cuauhtemoctzin promulgó su Ordenanza a los mexicanos de todos los tiempos, para mantener vivo nuestro fuego, recordando la heredad del Pueblo del Sol, y continuar luchando al amparo de nuestro destino.
VII.- En contraste con las diversas toponimias para querer interpretar el significado de Tepito, existe una analogía ancestral entre México y Tepito. Ambas palabras contienen un significado mítico cuyo origen se pierde en el tiempo. México y Tepito constan de tres sílabas y están pareadas sus tres vocales. Y este amarre no es casual.
Las demás versiones que lleguen a sus oídos, son resultado de diferentes momentos de Tepito en los que se divulgaron interpretaciones para borrar el origen y la importancia histórica de este solar nativo y su larga sobrevivencia en la ciudad.
¿De que sirve esta búsqueda? No importa si
esta flecha no da en el blanco. No se trata de herir susceptibilidades oficiales,
de sorprender a desmemoriados, o de balconear a fa yuqueros culturales. Lo
importante es el vuelo que pueda alcanzar este mensaje, su trayectoria, su
impulso, el espacio que recorra en su ascenso y la oscuridad que desaloje
al clavarse en el pensamiento de quien quiera conocer la ciencia del tiempo
y la sabiduría que nos heredaron nuestros ancestros.