LA  MORELOS,  UNA  COLONIA  CON  TRES  BARRIOS  VERDADEROS

                                                                                              Por Alfonso Hernández H.

La lagunilla, debe su nombre a la pequeña laguna que existió desde la época prehispánica, con un desembarcadero cercano al tianguis de Tlatelolco donde, al decir de los cronistas hispanos,  en los días de mercado acudían más de 20 mil vendedores y compradores.

Su nombre original fue Atezcapan, que quiere decir “espejo de agua”, el cual estaba entre la isla primitiva de Tenochtitlán y la de Tlatelolco.

Con el crecimiento de la ciudad colonial, y a pesar de la consecuente desecación de las acequias, canales y lagunas, conservó su nombre y heredó la actividad comercial de Tlatelolco.

Desde entonces, la lagunilla es un barrio pintoresco que funciona como un bazar de antigüedades y sorpresas para  coleccionistas de lo insólito, quienes encuentran desde una pulga vestida hasta un camello disecado.

Algunas de sus calles conservan letreros que dan testimonio de los  anticuarios y artesanos cuyo oficio lo convirtieron en el museo viviente más grande de la ciudad. Junto con los grupos  de filarmónicos que amenizaban cualquier evento, interpretando  música tradicional, ofreciendo desde un dueto hasta una orquesta, cuya fama dio cabida a que  hubiera una  calle chueca, llamada del órgano, que no era precisamente referida al instrumento musical sino a una parte del cuerpo.
 
Peralvillo, es considerado el barrio padre metropolitano, cuyo nombre original fue Atenantitech, que quiere decir “bordo de piedra”. Durante la colonia, su calle principal fue conocida como calzada de Santa Ana, debido a lo concurrido de su ermita que servía de “humilladero”  para los viajeros  que daban gracias por llegar con bien a esta entrada de la ciudad, o que, salían de ella con destino a la Villa de Guadalupe, para encomendar la protección de su vida y pertenencias en cada viaje.

Esta parroquia fue edificada con la piedra de tezontle que formaba parte del santuario a la diosa Toci, que significa “nuestra abuela”, que a su vez fue madre de Tonantzin “nuestra madre”. Y siendo Santa Ana, abuela de Jesucristo y madre de maría,  el sincretismo denota la importancia reverencial de este lugar.

Peralbillo, con “b”, es una palabra citada en la segunda parte de El Quijote de la Mancha, refiriendo un lugar de España, donde la santa hermandad de Toledo sentenciaba a muerte a los salteadores de caminos.

Corresponde a este barrio de Peralvillo, el papel de precursor del crecimiento urbano del centro de la ciudad, con casonas y palacetes para los criollos que ya no tenían cabida en la primera traza de la ciudad; y posteriormente  conocido como el primer barrio con las comodidades e higiene que se estilaban en los vecindarios de Europa.

Su calle de la Parcialidad, rememora “las parcialidades de indios” que asignó Hernán Cortés para los sobrevivientes del sitio de Tenochtitlán. Este barrio está considerado para el corredor turístico Catedral-Basílica, lo cual provocará la  especulación inmobiliaria en el vecindario y sus accesorias comerciales.

Tepito es, quizá, otro de los barrios más emblemático de la ciudad, debido a la fuerza, bravura y resistencia con la que defiende su solar nativo y su pedazo de cielo.

Su primer nombre fue Mecamalinco, o sea “lugar donde se tuercen las sogas” del barrio de los mecapaleros del tianguis de Tlatelolco. Para luego ser llamado Tequipeuhcan, que quiere decir “lugar donde comenzó la esclavitud”, o el tequio obligado, pues aquí fue hecho prisionero Cuauhtemotzin, la tarde del 13 de agosto de 1521.

Fue aquí, donde Cuauhtémoc  promulgó su consigna a los mexicanos de todos los tiempos, que concluye diciendo que “hemos de seguir luchando al amparo de nuestro destino”.

Para trivializar su origen guerrero, a nuestros padres y abuelos les vendieron el cuento de los policías. Y aunque hay muchas interpretaciones de lo que significa Tepito, debo mencionar que México y Tepito tienen pareadas las mismas tres vocales, por lo que quien diga lo que significa México, sabrá traducir el significado  de  lo que es  Tepito.

Doña miseria se pavoneaba  en Tepito hasta convertirlo en el barrio  de la grifa y de las almas perdidas, donde los gandules y malandrines forjaron la leyenda negra de sus calles. Hasta que la señora pobreza multiplicó los oficios artesanales y la musa callejera dignificó las vivencias del  vecindario.

Desde su origen, la bola y el baratillo se convirtieron en el ropero de los pobres, donde se vendían toda clase de objetos usados, reciclados y hasta robados. Y que hoy es una importante zona económica de abasto popular y para la clase media empobrecida.

Y aunque en esta ciudad caótica, un barrio sin sombra no infunde respeto. En Tepito, en Peralvillo y en la Lagunilla, el carisma del vecindario le sigue ganando la batalla al estigma delincuencial.
 
Y frente a quienes opinan que  estos tres barrios no son un modelo a seguir, hay quienes afirman que estos  tres barrios evolucionan ejemplarmente en su sobrevivencia urbana, reciclando sus propias formas de trabajo y vida.

Y por lo que se refiere a la colonia Morelos, con la que ahora se nombra a estos tres barrios cuyo presupuesto histórico alcanza para que recuperen el registro de su nombre en la nomenclatura de la ciudad.

La estatua de Morelos que le dio nombre a esta colonia, fue mandada a hacer  por Maximiliano de Habsburgo, quien se proclamó emperador de México en 1864, y que  fue fusilado en 1867.

Originalmente, la estatua de Morelos estuvo frente a la casa de los marqueses de Guardiola, frente al templo de San Francisco,  en la calle de Plateros, hoy Francisco I. Madero. Durante el porfiriato, fue colocada a la entrada de la colonia de la bolsa, ya sin el espadín y uno de los brazos del generalísimo don José María Morelos y Pavón.

Cuando esta parte de la ciudad dejó de ser un barrio de indios para convertirse en el primer arrabal de la ciudad, fraccionado desde la Ley Lerdo, por el presbítero Juan Violante, a quien luego el ayuntamiento le permutó el potrero de Tepito, que hasta la fecha se ubica en el pueblo de San Bartolo Ameyalco, entre el camino viejo a Mixcoac y el antiguo camino al Desierto de los Leones.

La división política delimitó  la colonia Morelos de la delegación Venustiano Carranza. Y la delegación Cuauhtémoc queriendo borrar los nombres de los tres barrios, identificándolos en la nomenclatura urbana como la colonia Ampliación Morelos.

Hoy, con el nuevo programa delegacional de desarrollo urbano en Cuauhtémoc, el 80 por ciento de su superficie está considerada por la SEDUVI una zona patrimonial, como resultado del reclamo vecinal para que se preserve y respete el patrimonio cultural e histórico  que atesoran los barrios de la lagunilla, de Peralvillo y el de Tepito.

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