La Organización

Tepito: The Transformation of a Site of Resistance

 

2º. Congreso Mundial de Escuelas de Planeación Urbana  /  WPSC – 06

World Planning Schools Congress / WPSC-06 / Mobile Workshops H - 4

TEPITO: La  transformación de un sitio de resistencia

Por:  Alfonso  Hernández  H.
Cronista del Barrio de Tepito


                                                                    
Lo poco que lleva de recorrido el Siglo XXI, tiene a la par la planificación de un mundo sin lograr, pero con más afirmaciones que negaciones. Y con una paradoja vital que impulsa a construir todo bajo lo afirmativo, sin posibilidad de contradecir ni de negar que las urbes degradadas son consecuencia del neoliberalismo y el transmodernismo capitalista.

Desde el avión, la ciudad de México brilla como una constelación más del firmamento urbano. Y a ocho calles del centro, Tepito refleja con luz propia: su fábrica social, su tianguis popular y su vecindario barrial.

En el proceso del Centro Histórico, Tepito lo ha sido todo: Modesto barrio Indígena, Miserable enclave Colonial, Arrabal de la Ciudad de los Palacios; y desde que hay crisis económica: un Tianguis popular de bienes y servicios. Y aunque Tepito no se signifique por ser un barrio modelo para la ciudad, si es un barrio ejemplar por la fuerza, la bravura, y la resistencia, que lo han convertido en un enclave emblemático y geopolítico.

El problema de la identidad en el barrio de Tepito, es que desde siempre ha sido generadora de su protagonismo derivado de su origen, que está presente en sus actitudes, en su ideario abuelar, en su ritualidad devocional, en el arte de conjugar su vocabulario, y en sus gestas y gestos locales; pues aunque parezca estar quieto como un resorte, siempre está listo como un cerillo.

Tepito es un barrio vivo y aguerrido, desde cuando el águila y la serpiente se entrelazaron en su lucha por ser el símbolo del escudo nacional, definidores del arquetipo patrio y del paradigma matrio, conjugando la metafísica oficial y la realidad de lo mexicano. Por ello, México y Tepito tienen pareadas las mismas tres vocales. Y por lo mismo, Tepito le sigue siendo sensible a la ciudad, pues se significa como la barriada que recicla los méxicos contenidos en un solo barrio que funciona como bisagra con el Centro Histórico, tratando de juntar los espacios vitales que el urbanismo depredador fragmenta.

Este obstinado barrio que hemos recibido en herencia, no es un barrio en ruinas, ni es un polígono de predios separados, sino un territorio denso e íntegro, que luce sus cicatrices urbanas y las llagas vivas de la historia de México, traducidas en la experiencia de nuestra sobrevivencia metropolitana. Y como Tepito forma parte del proceso histórico de esta ciudad, siempre hay algo que decir de su quehacer en cada una de las etapas que han definido su resistencia barrial.

Sin lugar a duda, Tepito no es la mejor proyección plástica del centro de la ciudad, pero sí presume ser la más vital y verdadera. La del auténtico barrio popular, cuya escala urbana contiene: arraigo, identidad y cultura. Donde la cotidianidad que lo caracteriza es el resultado de su añejo oficio barrial, de su raigambre popular, del estilo de su trabajo callejero, de la ingeniería comercial de su tianguis, de la actitud con la que encara al mercado global, y del desenfado cultural con el que recrea el lenguaje y preserva sus propias formas de trabajo y vida.

Y por todo este aprendizaje de sobre vivencia urbana, Tepito es un barrio orgulloso de su origen, reconciliado con su proceso, coherente con su presente, y consciente de su futuro. Y sin pretender esgrimir una violenta denuncia, ni una dolida protesta, contra los gobiernos que han abortado nuestras propuestas de mejoramiento y desarrollo barrial. La evidencia de su culpa, se refleja en el Centro Histórico convertido en un laberinto social interminable, y en que México ya se significa cómo el Tepito del mundo.

Nuestro contexto global es que, a pesar de las imprecisiones de los censos del Tercer Mundo, es posible que la población urbana ya sobrepasó en número a la rural, y que la economía informal está rebasando al comercio formal. Con una escasa o nula planificación para dar cabida a toda ese gente o para proveerles de todos los servicios urbanos básicos en conglomerados de casas sin ciudad y de vecindarios sin barrio.

Ante este reto, la planificación de la urbanización debiera conceptualizarse como una transformación estructural y como una interacción intensificada entre cada punto de un continuo rural-urbano. Pues ya no solamente algunos pueblos de Asia empiezan a parecer mercados o a adquirir un paisaje hermafrodita, parcialmente urbanizado y que no es rural ni urbano, sino una mezcla de ambos. Cuyo proceso de hibridización rural/urbana está avanzando con nuevas pautas que los investigadores identifican como paisajes de transición o de una nueva e impresionante especie de urbanismo.

Los planificadores de la geografía urbana también especulan sobre los procesos que están entretejiéndose en las ciudades del Tercer Mundo, creando nuevas y extraordinarias redes, corredores y jerarquías. Cuya dinámica de urbanización compendia y confunde al mismo tiempo los precedentes de la Europa y la Norteamérica del siglo XIX y principios del XX.

Mientras que China detona la mayor revolución industrial de la historia con la palanca arquimideana que está trasladando de aldeas rurales a ciudades, a una población del tamaño de la europea. En este extenso mundo urbano apenas imaginado por Mao, ni por Le Corbusier, solo China tiene el poderoso motor de la exportación manufacturera y la inversión de las cuantiosas entradas de capital extranjero, equivalentes a la mitad del total en los países en vías de desarrollo.

Y aún cuando las ciudades habían dejado de ser máquinas de empleo, las políticas impuestas por el FMI (y ahora por la OMC) de desregulación agrícola y descampesinización aceleraron el éxodo de mano de obra rural excedente hacia las áreas urbanas. Pues contraviniendo la teoría social clásica  de Marx a Weber, en una más de sus tantas y distintas vías inesperadas, el orden mundial neoliberal está descarrilando la planificación. Al mismo tiempo, el rápido crecimiento urbano en un contexto de ajuste estructural, devaluación de la moneda y recorte del gasto público ha constituido una receta inevitable para la producción masiva de áreas urbanas subdesarrolladas.

The Challenge of the Slums que constituye la primera auditoria verdaderamente global de la pobreza urbana, integra hábilmente distintas investigaciones de ciudades concretas, con datos globales por hogar, incluyendo a China y al antiguo bloque soviético. Este informe rompe con la prudencia y la autocensura tradicional de las Naciones Unidas, para condenar tajantemente el neoliberalismo, y en especial al FMI y sus programas de ajuste económico estructural.

Mientras tanto, cientos de miles de niños y jóvenes del mundo en vías de desarrollo, siguen dando su vida productiva para pagar las deudas de sus países. Ya que el planteamiento predominante de las intervenciones tanto nacionales como internacionales efectuadas durante los últimos veinte años ha aumentado las áreas urbanas y la pobreza en las ciudades, intensificando la exclusión y la desigualdad, y debilitando a las elites urbanas en sus esfuerzos por utilizar las urbes como motores de crecimiento.

Lo cual, junto con el consenso científico sobre los peligros del calentamiento del planeta, y la nueva agenda de la comunidad mundial de planificadores, hace saltar una alarma igualmente autorizada sobre la catástrofe global de la pobreza urbana, proporcionando un marco excelente para examinar los debates estructurales sobre urbanización, economía informal, solidaridad humana, calidad de vida y agentes históricos.

Los componentes esenciales de este planeta de ciudades-miseria son al mismo tiempo intercambiables por completo y espontáneamente únicos: y esto vale para para los bustees de Calcuta, los chawls y zopadpattis de Mumbai, los katchi abadis de Karachi, los kampungs de Yakarta, los iskwaters de Manila, las shammasas de Jartum, los umjondolos de Durban, los intramurios de Rabat, las bidonvilles de Abiyán, las baladis de El Cairo, los gecekondus de Ankara, los conventillos de Quito, las favelas de Brasil, las villas miseria de Buenos Aires, las colonias populares y los asentamientos irregulares de México D. F. Constituyendo todos, las crudas antípodas de los paisajes de fantasía y parques residenciales –los Offwordls burgueses- en los que cada vez más las clases medias globales prefieren enclaustrarse.

Es por ello que, frente a la realidad del mercado libre, los aparatos políticos locales y nacionales suelen consentir ciertos asentamientos informales de vecinos y comerciantes, controlando el cariz político con el que extraen un flujo regular de votos, alquileres y sobornos. Haciendo resurgir un corporativismo cuya geopolítica populista está por encima de toda equidad y normatividad.

Al decir de algunos urbanitas desplazados o empobrecidos hasta la miseria por la violencia del ajuste, a las áreas urbanas les espera el futuro implacable de tener que colapsarse hasta desaparecer en el proceso de su propia economía agonizante, pues la pobreza urbana del mundo podría alcanzar al 45 ó 50 por 100 del total de población residente en ciudades. En las que la pobreza dejará de ser una desdicha, que por no pagar impuestos, será tipificada como delito.

Tepitown para-site

En todas partes, el FMI, haciendo de administrador de los grandes bancos, ofreció a los países pobres el mismo cáliz envenenado, hecho de devaluación, privatización, supresión de los controles a las importaciones y de las subvenciones alimentarias, pago forzoso del coste real de la sanidad, de la educación y reducción inexorable del sector público. Arruinando de paso a los campesinos minifundistas al suprimir las ayudas y al abandonarlos a su suerte en los mercados globales de materias primas dominados por la agroindustria del Primer Mundo. Por lo cual, las áreas urbanas de África y América Latina fueron las que se vieron más duramente afectadas por la depresión artificial organizada por el FMI y la Casa Blanca.

En toda América Latina, la década de los ochenta hizo más profundas las simas y elevó los picos de la topografía social más extrema del mundo, obligando a los individuos a reagruparse en torno a los recursos colectivizados de los hogares y, en especial, a las habilidades de supervivencia y a la inventiva desesperada de las mujeres, de los jóvenes universitarios que no encuentran empleo, y de los desempleados de toda la vida.

En la ciudad de México, debido a las consecuencias del terremoto de 1985, proliferaron las actividades informales y la especialización terciaria de la economía, manteniéndose hasta la fecha como la principal bujía económica de los desempleados. Cuya modesta fábrica social compite con la poderosa industria del crimen.

En teoría, naturalmente, la década de los noventa debería haber corregido los errores de la de los ochenta y permitido a las ciudades del Tercer Mundo recuperar el terreno perdido y vadear el abismo de desigualdad creado por los Planes de Ajuste Estructural. Donde el dolor del ajuste debería haber venido seguido del analgésico de la globalización.

En realidad, la década de los noventa, tal y como observa con ironía The Challenge of the Slums, fue la primera en la que la planificación del desarrollo urbano global se produjo dentro de parámetros casi utópicos de libertad del mercado neoclasista. “En lugar de ser un foco de crecimiento y prosperidad, las ciudades se han convertido en un vertedero para una población excedente que trabaja en todo tipo de servicios informales mal pagados, descalificados y sin ningún tipo de protección social. El auge de este sector informal constituye un resultado directo de la liberalización de la economía. Esta realidad global de la clase trabajadora informal alcanza en total caso 1,000 millones: convirtiéndola en la clase social más inaudita y con el crecimiento mundial más acelerado”.

Desde que el antropólogo Keith Hart sacara a colación la idea de un –sector informal- durante su trabajo en Accra en 1973, una enorme bibliografía (que en la mayoría de los casos no consigue distinguir la microacumulación de la subsistencia) ha luchado con los formidables problemas teóricos y empíricos que implica el estudio de las estrategias de supervivencia de los pobres de las ciudades. Sin embrago, existe un consenso básico, de acuerdo con el cual la crisis de la década de los ochenta invirtió las posiciones estructurales relativas de los sectores formal e informal, al fomentar la sobrevivencia urbana informal como nuevo modo de empleo de subsistencia y de reproducción del dinero en una mayoría de ciudades del Tercer Mundo.

En conjunto, los trabajadores informales representan cerca de dos quintos de la población económicamente activa del mundo en vías de desarrollo. Y en opinión de los investigadores del BID, la economía informal emplea en la actualidad a un 57 por 100 de la mano de obra latinoamericana y proporciona cuatro de cada cinco nuevos puestos de trabajo.

Por esto, el denominado enigma salarial del sector terciario informal se ha convertido en un terreno de competencia darwiniana extrema entre los pobres. En otras palabras, la tendencia macroeconómica real del trabajo informal, es la reproducción de la pobreza absoluta.  Donde la jerarquización de la humanidad por parte del capitalismo tardío ya ha tenido lugar. Y por otra parte, el crecimiento global del proletariado informal constituye un desarrollo estructural completamente original y no previsto ni por el marxismo clásico ni por los apologetas de la modernización.

A decir verdad, la actual bibliografía sobre la pobreza, y las protestas urbanas episódicas y discontinuas, brinda pocas respuestas a cuestiones de tal envergadura. Hay quienes cuestionan si los trabajadores informales pobres o heterogéneos económicamente, llegarán a constituir una clase coherente en sí misma, hasta conformarse como una clase activista en potencia para sí misma. Pues aunque los pobres de las ciudades carecen de estructuras estables y predecibles, su escenario social tiene necesariamente que ser la calle o el mercado, como territorios donde ejercen su poder local.

De hecho, la realidad está retando a la teoría social a entender la novedad de un verdadero residuo global que carece del poder económico estratégico del trabajo socializado, que se encuentra abrumadoramente concentrado en un mundo de barrios populares que envuelven los enclaves fortificados de los ricos de las ciudades latinas. En las que se acrecienta la competencia con la migración asiática y sus misiones comerciales.

Y mientras la agricultura tradicional empezó a verse expuesta a la devastadora competencia transgénica de las praderas norteamericanas. El trabajo excedente se enfrenta a barreras sin precedentes, como ese gran muro literalmente materializado en una frontera de alta tecnología para obstruir la migración hormiga de México, y desde México, a los Estados Unidos.

El nuevo mundo urbano está evolucionando a una velocidad extraordinaria y con frecuencia en direcciones impredecibles. En todas partes, la acumulación constante de la pobreza mina la seguridad existencial y plantea desafíos cada vez más extraordinarios debido a la inventiva económica de los pobres.

Y aunque quizás exista un punto de inflexión en el que la contaminación, la aglomeración, la codicia, y la violencia de la vida cotidiana urbana acaben arrollando el civismo que regula la mutualidad gremial de los pobres. Nadie conoce todavía la temperatura social a la que las ciudades de la pobreza entrarán en combustión de manera espontánea o victimadas por el narcotráfico, la prostitución y el crimen organizado. Perfilando a la piratería como amortiguador social y proveedor de la nueva sociedad del espectáculo, que hace del pueblo un público consumidor de la nueva industria del capitalismo monopolizador de franquicias y derechos de autor.

En la ciudad de México, la barriada que se precie de serlo, sabe que toda ciudad es un fenómeno técnico y económico, con sus consabidas oposiciones espaciales entre lo público y lo privado. Y en esta ciudad jerárquica, un barrio antiguo como Tepito, sintetiza y simboliza la lógica histórica de su proceso de sobrevivencia urbana en todo su espacio social físicamente realizado y objetivado.

Tepito es uno de los barrios emblemáticos de la resistencia urbana, y que le es sensible a la ciudad, debido al ejemplo de sus pequeñas miserias y al aprendizaje de sus mayores desdichas, entretejidas en estructuras rizomáticas que organizan a sujetos de la experiencia, quienes saben esgrimir instrumentos de pensamiento y formas de expresión para interactuar con la ciudad y el país.

Desde siempre, Tepito ha generado dos polaridades: una positiva, que se significa en el carisma de su cultura barrial; y otra negativa, que se traduce en el estigma de su criminalidad marginal. Y cada día, el carisma lucha por ganarle al estigma, aunque no siempre lo consigue. Y en este quehacer, las estructuras del espacio físico apropiado se han convertido en núcleos rizomáticos, cuya red de resistencia es un círculo que paradójicamente tiene su centro en todas partes.

En la estructura de este rizoma barrial, se entra desde cualquier lado, pues todo punto se conecta a cualquier otro, en cualquier dirección, sin exterior ni fin. Lo cual hace que Tepito esté desbordado más allá de sus límites geográficos. Y que diariamente construya el rizoma recargado que consolide su adentro y que renueve su afuera.

Previniéndoles del mitote mediático cuyas palabras e imágenes vehiculiza la prensa, la propaganda oficial o el comentario político, la verdad es que nuestro mito barrial es como el pan, que siendo tan bueno, se endurece y se torna duro y frágil a la vez. Es por ello que no debe sorprenderles que éste barrio esté condenado a encontrar su propia sobrevivencia y a aprender a transformarse para permanecer, con un modus operandi que lo obliga a reinventarse a sí mismo. Pues en la creciente economía globalizada, de alta tecnología, impera el sector servicios por sobre el trabajo manual en la industria y la agricultura.

El corazón del barrio de Tepito está rodeado de un tianguis de puestos con lonas multicolores, antojerías ambulantes, montones de desechos, policías despistados, improvisados comideros y una vendimia de mercaderías nuevas, usadas, descontinuadas, importadas, recicladas, pirateadas y hasta robadas; adquiridas para usar o revender por quienes las conocen y las usufructúan mejor que nadie, a buen precio o cobrando caro el impuesto a la ingenuidad.

Tepitown for the city

La tipología tradicional de la vivienda de Tepito eran las vecindades, que se convirtieron en la columna vertebral del barrio, y en matrilocalidades prodigiosas, pues igual que integraban los usos del espacio vital, también diversificaban la convivencia, el artesanado, el comercio y los oficios, en los patios comunitarios y en las calles del tianguis.

Cuando el gobierno, las policías o los medios, atacan a Tepito, pretendiendo degradar socialmente a quienes lo habitan, los tepiteños contraatacan presumiendo su origen barrial, dejando entrever el carisma que los identifica y recreando el mito que los estigmatiza.

Para algunos funcionarios públicos y académicos, Tepito es un barrio desheredado y miserable. Para otros, el potencial económico del tianguis, y el capital cultural y social de este barrio, lo califican como un barrio estratégico space consumming yun enclave inner city. Es por esto que Tepito es uno de los barrios con mayor debate público en la ciudad de México.

Y ya que el destino de Tepito es que nadie crea en su destino; su proceso, estructura, y dinámica no dejan de sorprender, pues su intensa economía informal transacciona mucho dinero circulante que no necesita ser redimido por ningún banco. Además de tener que encarar al capitalismo de saqueo, del que el tráfico de drogas y la piratería constituyen la punta de lanza.

Aunque Tepito ha ido dejando de ser semillero de campeones deportivos y cuna de personajes notables, cual modernos Marco Polos, sus Pochtecas nativos cruzan fronteras y recorren el mundo para picar, licar y calificar lo que van a comprar e importar. Por lo cual, la sustancia del barrio de Tepito sigue siendo lo imposible: lo que no se ha podido lograr y lo que representa la suma de las cosas que le han sido negadas.

En su fin más profundo, al barrio de Tepito se le etiqueta con el caos, la contaminación visual y la agresión derivada de un discurso antropológico. Sin embargo, Tepito recrea el ejercicio plástico y estético que define la resistencia de su piel barrial, donde la textura y colorido de sus muros lucen las histologías y actitudes callejeras predominantes, ilustrando los sueños, ironías, tristezas y desafíos del Homo-tepitecus, frente a los estereotipos definidos por el argot académico y el slang político.

Visitar este barrio popular, y nutrirse de los efectos del lugar, es como tener una obligación, tal vez ingrata, pero necesaria para husmear en el fascinante lado oscuro de la utopía tepiteña. Y percibir porqué en esta ciudad caótica, Tepito es uno de sus epicentros.

Desde siempre, el obstinado Tepito se caracteriza por ser un barrio antiguo y rudo, poblado por los problemas que sintetizan la memoria colectiva de la ciudad, cuya historia no dejará de doler ni de escribirse. Donde el reciclaje, el artesanado, y el ambulantaje son tres de tantas trincheras contra el desempleo, el hambre y la marginación. Mientras que nuestro rizoma barrial nos siga marcando el proceso de construcción del camino que debemos seguir.

La mayor y más fuerte ofensiva contra el barrio se dio de 1972 a 1982, con el proyecto denominado “Plan Tepito”, dirigido por doce diferentes entidades gubernamentales. Hasta que en 1981 la comunidad solicitó ser asesorada técnicamente por la Universidad, en la elaboración de una contrapropuesta que inclusive fue presentada durante el congreso de la UIA en Varsovia, Polonia; cuya premiación propició en 1982 la cancelación oficial del Plan Tepito.

Este hecho protagonizado por la Asociación de Inquilinos y el grupo cultural Arte Acá, fue registrado en el documental “Tepito Sí”, producido por Sluizer Films, de Amsterdan. Posteriormente en 1984 hubo un intercambio artístico y cultural con el grupo Populart, de Oullins, Francia; que culminó en 1987 con la inauguración de la Rue Tepito en el barrio de La Saulaie, de la periferia de Lyon. Y desde entonces, han sido bloqueadas todas las propuestas para revitalizar la creatividad artesanal y recuperar la productividad local de Tepito.

Luego padecimos el sismo de 1985 y el tecnicolor de la reconstrucción con modelos de la arquitectura convencional impuestos por el Banco Mundial, y que están diseñados para fracturar núcleos urbanos tradicionales. . Lo cual, aunado a la precariedad de los materiales de construcción, fue tugurizando el vecindario, deteriorando su calidad de vida, y sirviendo de caldo de cultivo de los problemas que tenemos.

Otra causa de despoblamiento, es que los nuevos condominios vecinales ya no dieron cabida a los talleres del  artesanado local, ni previeron espacios para los oficios tradicionales, provocando con ello que el tianguis se desdoblara y que se convirtiera en la principal bujía económica de Tepito, adueñándose material y simbólicamente de las principales calles del barrio asumiendo su control y las correspondientes ganancias de su ocupación y dominio.

Por si fuera poco, y en lugar de un plan de mejoramiento integral del barrio de Tepito, el gobierno local promueve un puente vehicular de un kilómetro de longitud, en un segundo piso arriba del túnel de la Línea B del Metro y del Eje Vial 1 Norte, en su tramo Rayón-Granaditas. Trastocando la normatividad de la SEDUVI que considera a Tepito como un barrio típico y con valor patrimonial.

La importancia histórica de este territorio es que, durante el Sitio de Tenochtitlan, aquí se atrincheró Cuauhtemotzin, quien promulgó su Ordenanza de continuar luchando al amparo de nuestro destino. Este hecho, sucedido la tarde del 13 de agosto de 1521, nombró a este solar nativo como Tequipeuhcan, que quiere decir: Aquí comenzó la esclavitud (o el tequio obligado). Lo cual le marcó a los tepiteños de todos los tiempos, la fuerza, la bravura y la resistencia con la que deben continuar defendiendo este territorio y su pedazo de cielo.

En 1982 había 120 mil habitantes y actualmente la población de Tepito es de 50 mil vecinos en 60 manzanas prediales. Con 2,500 comercios establecidos y un tianguis de 8 mil vendedores en la vía pública de 60 cuadras. Un bazar dominical con 1,500 anticuarios y vendedores de artesanías en 12 cuadras. Un mercado nocturno con 850 vendedores en 10 cuadras, los miércoles y sábados, con venta de zapatos al mayoreo. Y cuatro mercados públicos en Tepito y tres en La Lagunilla, con 2,600 locatarios. Lo cual representa una concentración comercial de 15,450 unidades económicas formales e informales. Y donde en un día normal transita una población flotante de casi 220 mil compradores y visitantes.

Estar en Tepito y ver lo que realmente es y representa como barrio, es calibrar las evidencias más reveladoras en su mercado de bienes y servicios, donde todo depende del tipo de cambio en las actitudes vitales, del capital cultural y social que se tenga, y de la postura académica que se adopte.

Estimados congresistas, la nueva agenda de la comunidad mundial de planificadores se enfrenta a una compleja diversidad que demanda discutir los paradigmas y enfoques de la planeación. Resaltando aquellas experiencias y valores comunes que fortalecen los recursos locales y las redes sociales autogestivas y sustentables.

Ante tal escenario y para ustedes
¿para  qué es necesario un barrio como Tepito?
¿si no existiera Tepito, habría que inventarlo?
¿qué función tiene un barrio como Tepito?

Porque para nosotros,
ser tepiteño no es solamente una forma de vida,
o una manera de ser, sino un estado mental.

Alfonso Hernández Hernández was born in Tepito sixty-one years ago. He describes himself as an autodidact. Since 1972, he has been active in groups that defended Tepito and its reputation, and in creating studies and publications to nourish its culture of resistance.

In 1984, he founded the Centro de Estudios Tepiteños, whose archive documents the processes and expressions of the community, and whose projects interpret Mexico City from the perspective of Tepito. He is a card-carrying member of Metropolitan Region’s Society of Chroniclers, and represents the barrio before the city government.

Hernández holds no academic title, but is said to carry out the all tasks of an Hojalatero Social.