Calle Bartolomé de las Casas 1967
Foto colección CETEPI
Centros de Estudios Tepiteños

 

Lagunilla, funciona como una caja de sorpresas para los visitantes amantes de lo insólito, que se adentran en su tianguis dominical de antigüedades. Este museo vivo es el de mayor personalidad en la ciudad de México, atendido por los prototipos de la picaresca barrial y barómetros del quehacer y del acontecer de una comunidad por demás pintoresca, intensa y humana. Ni aún los esfuerzos de modernización comercial más tenaces han podido modificar el perfil de La Lagunilla como el mercado por excelencia para la venta de antigüedades y de objetos usados, que los días domingo transforman la calle de Comonfort, en la meca de coleccionistas y de turistas nacionales y extranjeros.

La Lagunilla hereda en mucho la tradición histórica de los trashumantes “baratillos” de la ciudad, cuya fórmula incorpora las funciones normales y tradicionales de centro de abasto cotidiano, sumándole el mercado de artículos usados y la de libros y muebles antiguos. Además de ofrecer los servicios de grupos de filarmónicos que amenizan fiestas familiares con música viva a ritmo de marimba.La Lagunilla retiene mucho de sabor añejo, no exento de dulces recuerdos de épocas singulares, como aquellas durante las cuales surgieron personajes que, con el tiempo, se transformaron en ídolos del barrio, de la ciudad y del país como, por ejemplo: Rodolfo (El Chango) Casanova, figura mundial del boxeo; y Mario Moreno “Cantinflas”, quien hizo sus primeras actuaciones ante el público del Salón Ofelia, una modestísima carpa de la barriada.

Originalmente el mercado de La Lagunilla sirvió para atender tres nuevas colonias de la ciudad: la Santa María la Redonda, la Guerrero y la Santa María de la Rivera, para lo cual en 1912 se edificó un mercado anexo al original llamado de Santa Catarina. Para este propósito, el Ayuntamiento compró la manzana inscrita en el Callejón del Basilisco, la Plazuela del Tequesquite, el Callejón de los Papas y la 2ª. Calle de la Amargura, y confió la obra, terminada en 1913, a los ingenieros Miguel Angel de Quevedo y Ernesto Canseco.

Ese mercado estaba dedicado a la venta de legumbres, frutas, huevos y semillas, fundamentalmente, con secciones para aves de corral y pescados. Y a semejanza de todos los demás mercados citadinos, en las calles circundantes fueron estableciéndose puestos de madera con techos de lo mismo o lámina, para la venta de legumbres, dulces, nieve, telas y efectos varios, dificultando el paso de los vehículos hasta hacerlas prácticamente intransitables, provocando que el mercado fuera inoperable y tuviera que ser demolido Esta situación prevaleció hasta mediados de la década de los cincuenta, en que el Gobierno sustituyó todos los puestos callejeros con la construcción de tres mercados públicos bajo la supervisión del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez.

El Mercado 1 de Ropa y Telas tiene mil locales, el Mercado 2 de Zona tiene 579 locales, y el Mercado 3 de Varios tiene 319 locales; todos ellos alrededor del afamado Deportivo Guelatao. La zona comercial de La Lagunilla también consta de establecimientos especializados en: muebles, vestidos de novia y primera comunión, ropa casual y típica, bolos y recuerdos de bautizos, entre otras muchas cosas para el hogar.

Este barrio tiene la célebre Plaza y Templo de Santa Catarina , fundado en 1586 y que en 1640 dejó de ser ermita para convertirse en parroquia. El templo actual data de 1740 y su plaza tuvo un mercado de abastos, tercero en importancia después del Parián y el de Tlatelolco. Durante la epidemia de cólera de 1833 el barrio se despobló de familias ilustres, convirtiéndose en zona de habitación popular. La plaza era una de las más típicas y concurridas de la ciudad, debido a su cercanía con La Real Fábrica de Tabacos.

Esta parroquia tuvo jurisdicción notarial para hacer constar en libros las actas de nacimiento, bautizo y defunción de toda la población circundante, hasta que fue instituido el Registro Civil.

 

Este barrio popular está sobre lo que era una pequeña laguna que ahí se encontraba desde la época prehispánica y que albergó un desembarcadero estratégicamente cercano al tianguis de Tlatelolco. Con el crecimiento de la ciudad y la consecuente desecación de la zona lacustre, de La Lagunilla sólo queda la reminiscencia de su nombre.

Ubicado a diez calles al norte del Zócalo de la ciudad, el barrio de la