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Calle
Bartolomé de las Casas 1967
Foto colección CETEPI
Centros de Estudios Tepiteños
facultad para sentenciar a muerte a saeta a los salteadores de caminos.
Para el periodista e historiador Arturo Sotomayor, Peralvillo es el barrio-padre-metropolitano, cuya calle principal lleva el mismo nombre y la traza prehispánica direccionada hacia el recinto de Tonantzin en el cerro del Tepeyac.
La avenida Peralvillo a partir de la calle de La Libertad, se ensancha y enriquece con las siguientes: Jaime Nunó, González Bocanegra, la Plazuela de Santa Ana, Matamoros, Carvajal, La Constancia, Granada; de aquí a la antigua Garita –singularizada por la estación de Ferrocarril de Hidalgo- cambian las características.
Todo el lado poniente de Peralvillo difiere del oriental porque conserva una casona colonial de las más viejas del barrio, de una sola planta, fachada de tezontle y cantera. En el lado de enfrente el folclor tenía su asiento, iniciando en el número 9 y el afamado número 15 con un pequeño barrio dentro del extenso que era Peralvillo: una casona auténticamente familiar en grado múltiple con su calle central y patios laterales; luego venía el Callejón de Estanquillo con su afamada pulquería La Gran Victoria contigua a casas de vecindad populosas, numerosos estanquillos y una finca muy fin de siglo y decoración neoclásica.
De aquí a Rivero, las casas conservan cierta amable vetustez y daban cobijo a personas de muy variada condición. En este último tramo se distinguían la panadería El Fénix y el que fuera cine Granat. Los comercios abundaban en el lado oriente: estanquillos que expendían lejía de Puebla y jabones de Guanajuato, pambacitos oaxaqueños y otros antojos regionales.
Su nombre original prehispánico es Atenantitech; el colonial fue Calzada de Santa Ana-Atenantitech, y luego Peralvillo. Su antigüedad e irregularidad urbanística proceden de su origen Azteca, por lo cual no coinciden sus cruceros.
Esta parte de la sociedad mexicana estaba rodeada de mesones con caudales humanos muy ligados al comercio: los introductores de pulque, los agentes aduanales, los ferrocarrileros y los comerciantes de ganado de pelo y pezuña que, por la Aduana de México, todo junto pero ordenadamente entraba en la ciudad, confiriendo al barrio variedad de tipos humanos y cierta prosperidad ganada a base de trabajo por quienes no eran empleados del gobierno o pensionistas. Cuando llegó el progreso motorizado, fue Peralvillo el núcleo donde nació aquel sistema de transporte capaz de conducir ocho pasajeros, un chofer y un cobrador; en la línea que tuvo por nombre: Peralvillo-Cozumel.
Correspondió al barrio de Peralvillo ser el precursor en materia de comodidades e higiene habitacional, cuyo corazón estaba en calles hoy extintas y mutiladas. Como la propia Avenida Peralvillo, el callejón de Carvajal, la calle real de Santiago y la Parcialidad de Tlatelolco.