

Ubicada entre las calles de: Avenida Peralvillo y Matamoros
Data de mediados del siglo XIX, y aloja el Templo de Santa Ana, edificado en el siglo XVI sobre un Teocalli prehispánico, que aprovecharon como basamento, y del que utilizaron toda su piedra de tezontle.
En este templo, en 1796 celebró su primera misa el cura Mariano Matamoros, lugarteniente del generalísimo don José María Morelos y Pavón. Y aquí se conservó durante muchos años una pila en la que se grabó que fue bautizado Juan Diego, pila bautismal que se trasladó y permanece en el Templo de Santiago Tlatelolco.
La proximidad de este templo con la Garita de Peralvillo, que fungía como aduana al norte de la ciudad, lo hizo célebre pues era la ermita que fungía como lugar de oración para dar gracias por haber llegado con bien a las puertas de la ciudad y para despedirse de la misma, cuando se encaminaban a la calzada para la villa de Guadalupe.
En lo que hoy es el jardín de la plaza, estuvo un bello mercado público de mampostería con techumbre estilo francés y un reloj monumental. Esta plaza tiene una superficie de 0.08 hectáreas.
Su fiesta patronal se festeja el 26 de julio. Y su templo es sede de dos grupos de mucha raigambre católica: la Adoración Nocturna y los Caballeros de Colón.
Para el cronista Arturo Sotomayor, Peralvillo es el barrio-padre-metropolitano, pues los criollos que ya no alcanzaban cabida en la ciudad, que entonces llegaba hasta la calle del Apartado, fueron construyendo casonas y privadas con los mas modernos avances de confort habitacional tal y como se estilaban en Europa. Todo este desarrollo inmobiliario colonial, contrastaba con los solares nativos y las últimas parcialidades de indios que colindaban entre Tlatelolco, La Lagunilla y Tepito; lo cual rememora la nomenclatura urbana con una porción de calle de la Parcialidad, que desemboca al Paseo de la Reforma Norte.
Iglesia de Santa Ana
Foto CETEPI

